Responder a la realidad o responder al deseo
¿Cuántas veces te has encontrado justificando una acción de otra persona desde tu propio deseo en vez de hacerlo desde la realidad?
Estás en una conversación y sucede de un momento a otro: recibes un comentario fuera de lugar, se invalida lo que sientes o alguien pasa la línea del respeto. Sientes incomodidad, tu mente hace click de que algo no estuvo bien. Pero en vez de responder directamente a este hecho, empiezas a justificar la situación:
«Quizás no fue con mala intención»
«Tuvo un mal día»
«Está estresado»
Y comienzas a darle un sentido en tu mente que te resulte cómodo. En vez de buscar protegerte a ti, proteges la imagen de esta persona. Queremos responder desde el deseo de lo que queremos que sea, más no de lo que sucede en realidad.
En psicología, este cortocircuito mental se explica a través de la teoría de la disonancia cognitiva, formulada por Leon Festinger en su libro A Theory of Cognitive Dissonance (1957). Festinger planteaba que cuando existe una contradicción entre lo que percibimos y lo que creemos, el cerebro experimenta una tensión tan incómoda que busca inmediatamente restaurar la coherencia.
La forma más rápida de obtener esa coherencia es haciéndonos creer algo diferente: alteramos la realidad del hecho para que encaje a la fuerza en el deseo que tenemos sobre la relación.
Empezamos a dudar de nuestro propio criterio desde el momento en que integramos el hábito de ignorar ese click mental. Sin embargo, aunque queramos mirar hacia otro lado, terminamos acumulando esas sensaciones negativas.
Reconocer el hecho real nos obliga a lo que tanto evitamos: salir de la zona de confort. Implica confrontar, establecer un límite o aceptar que la persona que tenemos enfrente simplemente no es quien quisiéramos que fuera. Por eso usamos la justificación como mecanismo de defensa.
Pero sentir empatía por otra persona y sostener el respeto hacia uno mismo pueden —y deben— coexistir: «Entiendo que estés atravesando un mal momento, pero esta no es la manera de tratarme».
¿Te has descubierto alguna vez siendo el «traductor empático» de los malos tratos de alguien más? ¿Qué fue lo que te ayudó a volver a confiar en tu propio criterio? Nos leemos en los comentarios.
Hasta el próximo post,
Madeline
Referencias:
Festinger, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Stanford University Press.