Sostener el «no sé»: El derecho a dudar sobre el siguiente paso
Cuando tenía 18 años decía que tenía un «plan de vida»: terminar la universidad, casarme a los 25 y tener mi primer hijo a los 28. Como es la vida de graciosa, nada sucedió así… pero que las cosas no salgan como uno cree que quiere, no significa que sea malo. Muchas de mis metas no se dieron en el orden «tradicional», y el tema de la maternidad no fue la excepción.
A mis 28 años no tenía las condiciones laborales ni personales para evaluar esa posibilidad, así que la conversación quedó descartada automáticamente. Luego llegaron los 30, pero aún no sentía la necesidad de tomar una decisión. Para cuando cumplí 32, al ver a más amistades en esa etapa, empecé a cuestionar mis propios deseos y los de mi pareja. Nos preguntamos qué debíamos tener listo antes de dar el paso, si realmente lo deseábamos o si solo sentíamos la presión social de hacerlo. A esa edad me dije: «Si a los 35 no me he decidido, ya no lo tengo«. Heme aquí, con 36 y sin hijos.
Creo firmemente que la maternidad debe ser deseada, y hasta hoy, no ha sido mi caso. Varias veces me he preguntado si estoy bien, si es lo correcto, si algún día me arrepentiré… Quizás. No lo sé. Pero esa duda no es razón suficiente para traer alguien al mundo. Como es una responsabilidad tan grande, me parece completamente válido hacerse preguntas. No se trata solo de «estar listo» —porque probablemente nunca se está del todo—, sino de que sea una decisión que nazca de un anhelo profundo y esté alineada con algo más que amor: estabilidad financiera, salud mental y una red de apoyo. Porque aunque queramos pensar que «no le va a faltar amor», la verdad es que no solo de amor se vive, y toca ser responsables con un ser que no pide nacer.
Por eso, hoy elijo sostener el «no sé». Me permito dudar, no precipitarme y darme el espacio para descubrir mi propio camino a mi propio ritmo. Al final, no tener una respuesta definitiva también es una postura válida.
Si tú estás en este mismo punto que yo, ¿cómo manejas las preguntas incómodas del entorno o la presión del famoso «reloj biológico»? Y si ya decidiste tener hijos, ¿siempre supiste que querías hacerlo o también pasaste por esta pausa? Me encantaría leerte en los comentarios.
Hasta el próximo post,
Madeline